Gustavo Mazzi: "Unión está en duda y en deuda"

Gustavo Mazzi: "Unión está en duda y en deuda"

Una expresión de deseo es insuficiente sin la compañía de herramientas que puedan satisfacer ese deseo. Unión inició esta nueva y decisiva etapa de su vida deportiva sin brindar ninguna seguridad, sin saber soportar la presión, sin la suficiente capacidad y jerarquía para sostener las lógicas expectativas que genera una institución con tanta historia. Es cierto que el torneo recién se está “desperezando”, pero el Tate todavía sigue dormido y la situación exaspera a la mayoría. Otra vez el equipo de Madelón se cocinó en el primer hervor ante su gente y derrumbó estrepitosamente la ilusión, con una formación que súbitamente desnudó limitaciones, escasez de recursos y una asombrosa falta de categoría.

Lejos de honrar la expectativa en las dos primeras fechas… la avergüenza. Ya afloraron las dudas adentro y la impaciencia afuera. El equipo no gana y carece de confianza. Unión está débil y muy golpeado, con seis goles en contra en sólo 180 minutos. No hay modo de establecer diferencias con el rival si no hay criterio, despliegue y ambición… virtudes nunca puestas en valor en las primeras jornadas.

En la Avenida López y Planes, la gente vive un recurrente “deja vu” y el domingo se cansó. El fenómeno, que invita al descrédito, responde a múltiples razones. Se apiñaron nombres sin apetito de reescribir la historia. Y de eso sólo ellos son los culpables. Hay una pibada todavía muy verde. Fallan conductores, no hay líderes ni referentes, no aparece nadie con voz de mando cuando se los necesita, no convencen varios, mientras otros todavía no se dan cuenta lo que significan los colores que defienden y la institución que representan. En apenas dos fechas ya hay un ambiente viciado de desconfianza e intranquilidad. Se cometen errores groseros de equipo de colegio secundario en un interescolar y no de ambiciosos profesionales con apetito de primera.

Ante Atlético Tucumán, los rojiblancos parecieron una caricatura de ellos mismos. El Decano fue brioso, cooperativo, letal ante la endeblez defensiva del local y el pánico de un Castro inseguro hasta la exasperación. El “1” cometió errores infantiles y se convirtió en una víctima vulnerable por cualquier transeúnte tucumano que sacó pecho en el área Tatengue hasta sin proponérselo. Atlético se acogió a todos los beneficios del arquero uruguayo y se llevó el premio mayor con una apuesta mínima pero efectiva. El guardametas charrúa fue un espanto y el resto en mayor o menor medida acompañó ese concierto de desaciertos.

Solo en un conjunto frágil de espíritu, espasmódico de juego y debilitado en su conducción pueden entenderse tantas variaciones en un mismo partido. Por tal motivo la congoja de los santafesinos fue indisimulable e incontenible. Hubo repudios al por mayor luego de otro naufragio sin ganas, sin ideas, sin nada que lo rescatara. El futuro no se recorta muy alentador cuando el equipo parece cansado, apesadumbrado, con los hombros vencidos en apenas dos capítulos. El Tatengue decepciona lisa y llanamente porque no es confiable, ergo, jamás se podrá especular con un futuro auspicioso si sigue jugando de este modo.

En el inicio de esta historia ya recibió dos cachetazos dolorosos. Madelón deberá cambiar antes que lo cambien, en un fútbol impaciente que se devora técnicos aún cuando son un pedazo grande de la historia de los clubes. Es como un rumor creciente que se magnifica a cada mal paso. El valor de la pertenencia y el orgullo por los colores siguen siendo los grandes refuerzos de una institución, donde todo lo demás está en duda y en deuda.

Fuente: 
LT10 Digital