Los dueños de más de una ciudad

Los dueños de más de una ciudad

En el trabajo, en la calle, en cada casa, en el colectivo, en el quiosco, en las plazas; en Paraná o en cualquier ciudad entrerriana donde uno de los nuestros simplemente camine o trate de vivir, se topará por estos días con la mirada desconcertante de tantos otros que no entienden que estamos a cuatro días de una fecha sensible. A cuántas esposas, a estas alturas –y perdón por las palabras– les importa un carajo si se juega el sábado o el domingo, cuando desde ayer estamos casi monotemáticos. No nos entienden los que viven en ciudades donde existe una extraña mayoría hincha de equipos tan lejanos y centralistas; no comprenden lo que siente uno cuando ya no puede más, cuando todavía parece que falta tanto. No es ansiedad lo que nos pasa, es Unión de Santa Fe.

Más todavía, se pone jodida la cosa después del partido del domingo. Es que jugamos bien. El porteñismo recalcitrante tampoco entiende y se quedaron por horas en la búsqueda de una imagen que se adapte a sus ideas. La realidad fue contundente: la pelota no entró y –perdón otra vez por las palabras– se cagaron en las patas más de una vez con un Tatengue que los presionó donde más les duele: de las canillas para abajo, varios metros por delante de la línea del medio.

Lo cierto es que volvió el fútbol en el medio del manoseo pornográfico a una pelota que por ahora parece esquivar las manchas. Pero desde lejos uno no entiende mucho, solo quiere ir a la cancha y cada tanto sueña con que aquella de De Iriondo del primer tiempo para que de una vez se clave en todos lados, a lo Jayo. Varias pudieron haber sido y aunque el empate es poco para todo lo que hizo Unión, el resultado está bien y ese “está bien” no es más que una provocación del destino frente a lo que tenga que ser.

Por estos días está lleno de brujas a la espera de meter la escoba y más de uno la juega de callado, como siempre, como aprendimos los de este palo, los que hablamos con humildad, con sencillez, con el 89 en el alma, los que se esfuerzan y no se la creen porque sabemos de los campeones de América, de los capos de la conmebol y la sudamericana, los cracks campeones las primeras cinco fechas, los rompe carnés, los tira sangre, los tira piedras, los “por favor que se suspenda”, los que abandonan escondidos detrás del mismo humo que vendieron.

No es un momento fácil para escribir sobre estas cosas, ya ni se sabe bien qué pasó en el partido anterior y más cuando hace meses que solo se piensa en el que viene.

Lo cierto es que ahí estamos y estaremos como siempre: alentando. En el trabajo sin responder a las inquietudes de otros, con la mirada un poco perdida; en cada casa, monotemáticos, aburridos, impacientes; y en la calle o en el auto, más de uno, cantando las canciones con las que vamos a quedar afónicos el fin de semana.

Que lo vayan entendiendo en Paraná y en todos lados. No somos hinchas de un resultado; somos los hinchas de Unión, los dueños de más de una ciudad.

 

Pablo Felizia / Filial 29 de julio - Paraná, Entre Ríos.