"No hay tiempo que perder, muchos ya comenzaron a impacientarse"

"No hay tiempo que perder, muchos ya comenzaron a impacientarse"

Lo ganaba, lo tenía y otra vez se escapó. Estaba dos goles arriba y la victoria se escurrió. Sensaciones parecidas a las vividas una semana antes cuando levantó un 0-2 en contra y terminó de rodillas ante los tucumanos en su propia casa. Entonces, sorpresa relativa en Tandil si tenemos en cuenta la hemorragia de puntos que está teniendo este Tate de mandíbula de cristal. Se impone recordarles a estos muchachos, con la crudeza que amerita a los dispersos, distraídos y ausentes sin aviso, que tienen una responsabilidad mayúscula, irrenunciable con su gente, con la institución y con una camiseta histórica. Hay un exagerado desconcierto y pasividad en varios aspectos. Los jugadores así lo reflejan sobre el campo. Volvieron a mostrar sus carencias, con un juego exiguo en ideas y escaso de esfuerzo para sostener un triunfo que parecía consumado.

Además, el entrenador no ha sabido imprimir carácter a una escuadra deprimida, de esto no hay dudas luego de esta extensa racha negativa. El fútbol de Unión carece de identidad. No se sabe a lo que juega y tampoco se supone que vaya a mejorar en el corto plazo. Este equipo necesita de gladiadores que sientan la camiseta y enseñen lo que significa enfundarse la casaca rojiblanca. Falta carácter y ambición. Madelón siempre fue un líder en el campo, comprometido con la causa Tatengue. Nunca se amilano ante la adversidad, despertó el contagio de sus compañeros y enfervorecía a la afición. Leo fue el pilar del “Glorioso 89”. Ahora corren otros tiempos, el contexto es diferente, la casa está en “obras” para resurgir y la reconstrucción se presume complicada. Es otra vez el tiempo de Madelón pero en su nuevo rol. Se acortaron los plazos y hasta se agotó la paciencia. “Leooo, Leooo”, este fue el grito de guerra del seguidor unionista en tiempos pretéritos, un alarido de felicidad, lo recitaban como si de un mantra se tratase, era una simbiosis perfecta entre jugador y simpatizantes. Hoy todo cambió. El presente es otro, aunque está claro que no solo es un problema del DT, es algo más profundo. Se vive un clima de autodestrucción, desánimo y nostalgia que no deja vislumbrar la luz. Se exagera. No hay dudas que se exagera. Pero esto tiene que ver con decepciones pasadas no tan lejanas, que minaron las esperanzas. El hincha se reinventa motivos para estar, acompañar y apoyar… no hay respuestas en la cancha. Sigue la espera, mientras algunos ya desesperan.

Hubo tiempos en los que Unión jugaba, ganaba y perdía como un grande. La casta y el coraje de sus jugadores dignificaban el escudo rojiblanco. Ese es el espíritu que tiene que recuperar este equipo dormido. El coraje de Trotta, la garra de Sauco, la elegancia de Telch o Marito Zanabria, los goles del loco Marzo y Luque, la clase de Ribeca son algunos de los ejemplos que viven en la memoria de su pueblo. En estos momentos el Tate es grande por su gente y su historia, todo lo demás, hace tiempo que se instaló en la mediocridad.

Este es un certamen que otorgará ascensos al por mayor. Todavía está a tiempo de cambiar. Esperemos que el crédito que otorga el calendario, la generosa tabla con un cincuenta por ciento de chances de llegar a primera, encuentre las respuestas futbolísticas necesarias para que aquello que se presumía como “obvio” para muchos, termine siendo tal al final del recorrido. Lentamente empiezan a acechar los fantasmas del pasado, el clima de inestabilidad en el que vive sumido desde hace un tiempo a esta parte está dañando la autoestima de propios y extraños. Llegó la hora de ganar, de dar un zarpazo de honor… su gente, su historia, su tradición y hasta el futuro inmediato claman por esa necesidad imperiosa de “volver a ser”. No hay tiempo que perder… muchos comenzaron a impacientarse.

Fuente: 
LT10 Digital